jueves, 20 de diciembre de 2012

Eucaristía
Sobre la celebración de la Eucaristía
  • Cómo debe celebrarse la Eucaristía: Lo que se debe y no se debe hacer
  • Gestos y Símbolos durante la celebración Eucaristica
  • Santa Misa y Eucaristía
  • Quince Minutos en Compañía
    de Jesús Sacramentado
    No es preciso, hijo mío, saber mucho para agradarme mucho; basta que me ames con fervor. Háblame, pues, aquí sencillamente, como hablarías a tu madre, a tu hermano.
    ¿Necesitas hacerme en favor de alguien una súplica cualquiera?Dime su nombre, bien sea el de tus padres o hijos, bien el de tus hermanos y amigos; dime enseguida qué quisieras que hiciese actualmente por ellos. Pide mucho, mucho, no vaciles en pedir; me gustan los corazones generosos que llegan a olvidarse en cierto modo de sí mismos, para atender a las necesidades ajenas.

    Háblame así, con sencillez, de los pobres a quienes quisieras consolar, de los enfermos a quienes ves padecer, de los extraviados que anhelas volver al buen camino, de los amigos ausentes que quisieras ver otra vez a tu lado. Dime por todos una palabra de amigo, palabra entrañable y fervorosa. Recuérdame que he prometido escuchar toda súplica que salga del corazón; y ¿no ha de salir del corazón el ruego que me dirijas por aquellos que tu corazón especialmente ama?

    Y para ti, ¿necesitas alguna gracia?
    Hazme, si quieres, como una lista de tus necesidades, y ven, léela en mi presencia. Dime francamente que sientes soberbia, amor a la sensualidad, envidia; que eres tal vez egoísta, inconstante, negligente, perezoso...o tal vez juzgas muy fácilmente a los demás o hablas sin caridad de ellos; y pídeme luego que venga en ayuda de los esfuerzos, pocos o muchos, que haces para quitar de ti tales males.
    No te avergüences, ¡pobre alma! ¡En el cielo hay tantos justos, tantos Santos de primer orden, que en su momento tuvieron esos mismos defectos! Pero rogaron con humildad; y poco a poco se vieron libres de ellos. Menos aún vaciles en pedirme bienes espirituales y corporales: salud, memoria, amor, amistades que te sean provechosas, paciencia, alegría, éxito en tus trabajos, negocios o estudios; todo eso puedo darte, y lo doy libremente, y deseo que me lo pidas, siempre y cuando no se oponga, antes bien favorezca y ayude a tu santificación.

    Hoy por hoy, ¿qué necesitas?¿Qué puedo hacer por ti? ¡Si supieras cuántos deseos tengo de favorecerte! ¿Traes ahora mismo entre manos algún proyecto? Cuéntamelo todo minuciosamente. Quiero saberlo de ti. ¿Qué te preocupa? ¿Qué piensas? ¿Qué deseas? ¿Hay algo que quieres que haga por tu hermano, por un amigo, por tu superior? ¿Qué desearías poder hacer tú por ellos?

    ¿Y por Mí?¿No sientes deseos de mi gloria? ¿No quisieras poder hacer algún bien a tus prójimos, a tus amigos, a quienes amas mucho, y que viven quizás olvidados de Mí? Dime qué cosa llama hoy particularmente tu atención, qué anhelas más vivamente, y con qué medios cuentas para conseguirlo. Dime si te sale mal tu empresa, y yo te diré las causas del mal éxito. ¿No quisieras que me interesase algo en tu favor? Hijo mío, soy dueño de los corazones, y dulcemente los llevo, sin perjuicio de su libertad, a donde me place.
    ¿Sientes acaso tristeza o mal humor?Cuéntame todo, pobre alma desconsolada, tus tristezas con todos sus pormenores. ¿Quién te hirió? ¿Quién lastimó tu amor propio? ¿Quién te ha despreciado? Acércate a mi Corazón, que tiene bálsamo eficaz para curar todas las heridas del tuyo. Dame cuenta de todo, y acabarás en breve por decirme que, a semejanza de Mí, todo lo perdonas, todo lo olvidas, y en pago recibirás mi consoladora bendición.
    ¿Temes por ventura?
    ¿Sientes en tu alma vagas melancolías, que no por ser infundadas dejan de ser desgarradoras? Échate en brazos de mi providencia. Contigo estoy; aquí, a tu lado me tienes; todo lo veo, todo lo oigo, ni un momento te desamparo.
    ¿Sientes desvío de parte de personas que antes te quisieron bien, y ahora olvidadas se alejan de ti sin que les hayas dado un motivo? Ruega por ellas, y yo las volveré a tu lado, si no han de ser obstáculos a tu santificación.
    ¿Y no tienes tal vez alegría alguna que comunicarme?
    ¿Por qué no me haces partícipe de ella como a un buen amigo? Cuéntame lo que desde ayer, desde la última visita que me hiciste, ha consolado y hecho como sonreír tu corazón. Quizá has tenido una agradable sorpresa, quizás has visto disiparse algún temor o recelo, quizás has recibido buenas noticias, alguna carta o muestra de cariño. Tal vez has vencido alguna dificultad o salido de algún lance apurado. Obra mía es todo eso, y yo te lo he proporcionado. ¿Por qué no has de manifestarme por ello tu gratitud, y decirme sencillamente, como un hijo a su padre: « ¡Gracias, Padre mío, gracias! » El agradecimiento trae consigo nuevos beneficios, porque al bienhechor le gusta verse correspondido.
    ¿Tienes promesa alguna para hacerme?
    Leo, ya lo sabes, en el fondo de tu corazón. A los hombres se les engaña fácilmente; pero a Dios, no. Háblame, pues, con toda sinceridad. ¿Tienes firme resolución de no exponerte ya más a aquella ocasión de pecado? ¿De privarte de aquel objeto que te dañó? ¿De no leer más aquel libro que exaltó tu imaginación? ¿De no tratar más aquella persona que turbó la paz de tu alma?
    ¿Volverás a ser dulce, amable y condescendiente con aquella otra a quien, por haberte faltado, has mirado hasta hoy como un enemigo?
    Ahora bien, hijo mío; vuelve a tus ocupaciones habituales, al taller, a la familia, al estudio; pero no olvides los quince minutos de grata conversación que hemos tenido aquí los dos, en la soledad del santuario. Guarda, en cuanto puedas, silencio, modestia, recogimiento, resignación, caridad con el prójimo. Ama a mi Madre, que también lo es tuya, la Virgen Santísima, y vuelve otra vez mañana con el corazón más amoroso, más entregado a mi servicio. En mi Corazón encontrarás cada día nuevo amor, nuevos beneficios, nuevos consuelos.


3 comentarios:

  1. SE NOS A DADO LA VIDA PARA BUSCAR A DIOS EN LA MUERTE PARA ENCONTRARLO Y EN LA ETERNIDAD PARA POSEERLO

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  2. Gracias Señor, por la Eucaristía...
    120
    Gracias Señor, porque en la última cena partiste tu pan y vino en infinitos trozos, para saciar nuestra hambre y nuestra sed...

    Gracias Señor, porque en el pan y el vino nos entregas tu vida y nos llenas de tu presencia.

    Gracias Señor, porque nos amaste hasta el final, hasta el extremo que se puede amar: morir por otro, dar la vida por otro.

    Gracias Señor, porque quisiste celebrar tu entrega, en torno a una mesa con tus amigos, para que fuesen una comunidad de amor.

    Gracias Señor, porque en la eucaristía nos haces UNO contigo, nos unes a tu vida, en la medida en que estamos dispuestos a entregar la nuestra...

    Gracias, Señor, porque todo el día puede ser una preparación para celebrar y compartir la eucaristía...

    Gracias, Señor, porque todos los días puedo volver a empezar..., y continuar mi camino de fraternidad con mis hermanos, y mi camino de transformación en ti...



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  3. MI MADRE ES LA REINA DEL CIELO Y DE LA TIERRA

    Cuando veo a mi madre no puedo dejar de mirarla, porque a pesar que sé que no es una estatua ni una estampa, de sólo imaginarme su belleza, arde mi corazón de amor y gratitud de que sea Ella la que Dios escogió desde la eternidad para ser la Reina, la llena de Gracia, el camino perfecto para llegar a su Hijo Jesús.

    Luego de un buen tiempo sin compartir en el blog y en vista que el 22 de agosto recordamos su Reinado, quiero empezar hablándote de María, Reina del Cielo y de la Tierra y de mi corazón, en quien confío y tengo la alegría de decir que está conmigo, contigo , con todos, tan bella nuestra Madre que nos moldea con amor y mucha paciencia, nos ayuda en la lucha diaria contra nuestras propias debilidades e inconstancias para llegar a ser santos, Ella nos toma de la mano y nos abraza dulcemente, pero lo mejor de todo es que nos enseña a amar a Jesús, nuestro fin último.

    Una vez escuché una frase a un misionero de Lazos de Amor de Mariano, tan jovencito de 19 años, pero con un amor por María que su corazón se desahogaba en su predicación, y, a pesar que no sé si esa frase fue su inspiración o le pertenece a alguien más, el hecho es que esas líneas forma parte de mis oraciones de cada día: “Jesús has que mi vida con María esté cercada de espinas para que cuando yo me aleje, me duela”.

    Es que si dejamos de vivir con María un solo día y si dejamos de pedirle que nos lleve a Jesús, es como estar frente a la Cruz y no actuar como el discípulo amado que acogió a María en su casa (Jn,19,27).

    Cada día es un día nuevo para juntar nuestras manos junto a las tiernas manos de María, y pedirle que nos guíe en la oración y que nos enseñe a dar la respuesta que cada Cristiano le debemos a Dios una y otra vez abandonándonos en su Voluntad buena, agradable y perfecta (Rom. 12,1-2).

    Además al igual que en Caná, María le pide a Jesús por nosotros, así como se dio cuenta de la falta de vino, igual ella sabe que nos falta para alcanzar a su Hijo y siempre está dispuesta al servicio y atenta a cada detalle, sabrá muy bien qué pedirle a Jesús para nosotros.

    Ya decía el Obispo Emérito de Roma, Benedicto XVI, María “es Reina precisamente amándonos y ayudándonos en todas nuestras necesidades, es nuestra hermana y sierva humilde”.

    No le demos la espalda a María, dejemos que actúe en nosotros, Ella hará lo que Dios quiere para nosotros, si Ella es la esclava del Señor, seamos nosotros esclavos de la esclava, luchemos para que así sea.

    Consagrémonos a nuestro Rey por medio de nuestra Reina, renovemos cada día nuestros compromisos bautismales, para renunciar al demonio, a sus seducciones y a sus obras y buscar vivir en, como, para y por María para estar en, como, para y por Jesús, como nos invita San Luis María Grignon de Monfort, en su libro el Tratado de la Verdadera Devoción, texto que fue lectura permanente del Beato Juan Pablo II.

    Nuestra Madre es una Reina, ánimo, Ella nos ayudará a ingresar al Reino de los Cielos, seamos buenos servidores, Totus Tuus María.



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